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El silencio de una pandemia.

El silencio de las calles en horas punta, la calma de la noche, el paso lento de los minutos a lo largo del día, la tranquilidad de saber que lo que estás haciendo es lo mejor que puedes hacer, que no estás perdiendo el tiempo mientras podrías estar aprovechándolo haciendo un millón de cosas que tú creías que eran más productivas. 

Sentarte a comer y poder disfrutar de una comida bien elaborada por el tiempo y dedicación que le has dedicado. Poder hacer las tareas, dejando que ellos solos las realicen, sin tener que echarles un cable porque no llegan a tiempo. Volver a reencontrarte con la lectura, con la música, con el cine. Ralentizarte a ti misma. 

 

Utilizar muchos de los juguetes que tenemos en casa y que, por ese día a día y por esos fines de semana planificados, no habíamos utilizado apenas. Saber que tienen imaginación, que se saben entretener, y que ese ritmo de vida que tenemos programado, está haciendo que se pierda parte de esa creatividad. 

Saber exprimir al máximo tu casa, tus cosas, tu frigorífico. No salir corriendo a comprar algo que parecía imprescindible, pero que ahora hemos visto que no lo era. 

Saber que nadie llamará a tu puerta. 

La Paz que te aportan todas las cosas anteriores se ve enturbiada por la causa, ese maldito virus que se está llevando a tanta gente. 

No nos hemos tomado esto como unas vacaciones pero tampoco lo hemos querido normalizar ni programas por que esto es una situación excepcional. En cada casa imagino que funcionará una cosa distinta, o cada padres quieren enfocarlo de una forma diferente. Las circunstancias mandarán. Mis hijos se pasan el día en pijama, a pijama por día. Las rutinas de aseo, tareas,… son diarias como lo eran antes. Pero no tenemos horarios ni de acostarse ni de levantarse, siempre con ciertos límites. No es fácil para ninguno está situación por eso lo intentamos poner más fácil y dejar fluir las cosas, sin demasiados horarios. No necesitamos exprimir al máximo el día, tenemos tiempo de sobra. 

Y todo esto, siempre en mi caso, ha hecho que seamos una piña, que ni discutamos ni nos enfademos. 

Y aunque digamos una y mil veces que después será distinto, creo que hablamos sin saber, será cuestión de tiempo (y no mucho) que olvidemos, que volvamos a caer en los mismos errores, que volvamos a esa vida que antes creíamos maravillosa pero que creo que le estamos viendo muchas carencias, pero volveremos a caer. Nos faltan cosas, el cariño de mucha gente, familia, amigos, pero nos sobraban otras muchas. 

Estamos en la recta final de este episodio, y cada uno hará sus valoraciones. Los que no hemos tenido desgracias nos lo hemos tomado como una oportunidad familiar, hemos intentado llenar los días de risas y de buenos momentos pero sabiendo que está situación nos hará pasar en un futuro cercano momentos difíciles. 

Resistiremos, claro que resistiremos, pero para eso tenemos que tener salud. 

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