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EDUCÁNDOME Y EDUCÁNDOLOS.

No se si aspiro a tener algo parecido pero para la foto mola.

Cuando dicen eso de “Ya serás madre y comerás sopas” qué razón llevaban. Y es que cuando eres madre te das cuenta de taaaantas cosas, de todo lo que han hecho por ti tus padres y de porque lo han hecho o de porque lo dejaron de hacer. Por supuesto, imagino que en todas las casas pasará, siempre hay cosas que tú en su momento no entendiste, que sigues sin entender y que vas a intentar que a ti no te pasen.

Ahora entiendo cuando mi madre que trabajaba más horas que un reloj, y encima en casa (no la casa, que también) cuando llegaba la hora de las comidas no se complicase mucho, sobre todo si tienes una hija como yo, que era bastante delicada a la hora de comer, bueno más que delicada, con poca variedad en mi carta. Pues que al final había cuatro cosas que me las comía sin dar por saco y pues eso que nos ponía. Encima teníamos poco tiempo para comer, porque recuerdo con mucha pereza, que el horario del cole era de 10 a 13 y de 15 a 17 (vaya sueño que daba), y que no había mucho tiempo para perder. Al final había que comer y a poder ser más rápido que lento.

Uno de los malos hábitos que hemos vivido en casa a la hora de comer pero también por las circunstancias, era que el plato fuerte se comía por la noche. Explicación, mi padre pasaba todo el día fuera y como se dice por aquí, comía “de sequillo” y claro, por la noche tocaba la cuchara, lo mismo nos comíamos una judías blancas, que un potaje, que un cocido. Mi padre es de buen comer, no por cantidad, me refiero a calidad. Siempre le ha dado importancia y le sigue dando, a la comida de calidad. Yo que soy físicamente como él, tengo que reconocer que en eso soy totalmente diferente. No es que no note la diferencia, es que no la valoro. Concretamente el otro día, fuimos mi madre y yo a hacer la compra juntas, estábamos en la pescadería y me tocó, compré varias cosas y una de ellas bacaladillas y me dijo mi madre, ¿porqué no te llevas pescadilla de enroscar? Y yo le dije, “pues porque vale tres veces más y también nos están muy buenas las bacaladillas”, el caso es que terminé de comprar en la sección pesca y se quedó ella. Cuando ya estábamos en casa bajando del coche las cosas me da un lio y me dice: “toma esto, que te lo he comprado” Y adivinar que era, PESCADILLA DE ENROSCAR. Bueno pues eso, que hay gente que valora mucho la calidad de lo que come.

Todo este rollo que estoy soltando, era para introducir el tema pero se me ha ido de las manos, porque el tema es que desde que soy madre como lentejas, verduras (con mucho conocimiento), no falta fruta en casa, los lácteos son una parte importante de nuestro día a día. Quizá lo que menos hemos comido hasta ahora era pescado, que a mí me encanta, más que las carnes, pero que para los niños lo encontraba muy complicado por las espinas, ahora que ya son mayores es más habitual verlo en nuestros menús.

Después de decir esto último pensaréis que somos de esas familias que son súper sanas, que no prueban las patatas fritas, ni piden del burguer y que las pizzas siempre las hacen ellos ¿verdad? Pues no es el caso, por desgracia todas esas guarrerías nos gustan pero intentamos no abusar porque como nuestros cuerpos son sabios, a los papis concretamente, no nos sientan demasiado bien a pesar de que nos están buenas.

Otro de los dichos que oyes mil veces antes de tener hijos es “criar no tiene engaño” y que cierto es. En casa el horario que tenemos ahora es mucho más flexible que el que teníamos durante los primeros años de crianza, cuando había que darles de  comer, hacerles potitos, quitarles los pañales,…por entonces no nos llegaban las manos al culo y tenemos que reconocer que, al igual que mi madre hacía cuando yo era pequeña, tirábamos de fácil a la hora de cocinar y a la hora de  comprar. Hacíamos la compra en un súper que nos ofreciera todo, y lo que no había lo sustituíamos por otra cosa parecida. Por el contrario, esta mañana que he hecho la compra semanal, he visitado tres súper, el principal, el de las leches y el húmus, y el de los panes. Además compramos la fruta en una frutería especializada. Eso en otros tiempos era impensable.

Al igual que pasaba en mi casa de pequeña, hacemos el mismo plato para todos, lo adaptamos para que nadie este descontento del todo aunque eso nos lleva que al final tampoco nadie está contento del todo. Los platos de cuchara suelen llevar pocas especias porque a los niños no les estén muy fuertes, no suelo echar demasiados “estorbos” como dicen ellos porque lo que ellos quieren es cargar bien la cuchara de arroz, fideos, patatas,….  Verduras y legumbre no comemos muchas sobre todo por mí. Las primeras porque no me gustan mucho y las segundas que me encantan pero me sientan muuuuy mal. Para ellos sería muy fácil hacerles cremas de verduras pero es que a mí me cuestan y ¿cómo les pongo a ellos crema de verduras que no les gustan si yo no voy a comer? Pues que no me parece justo, con lo que comemos poca variedad. Nuestra pasta integral con brócoli y tomate es un fijo en nuestro menú semanal. Los tacos en tortitas integrales con calabacín también son un clásico para nosotros. La pizza de coliflor también nos está muy buena pero es que huele tan maaaaaal…  Luego para los arroces y las lentejas utilizamos mucha zanahoria y espárragos. En las tortillas francesas también suelo echarles brócoli o calabacín. Y respecto a las legumbres es otro problema, mi estómago no las tolera bien y muy a mi pesar no pruebo los garbanzos que me vuelven looooca (sobre todo en cocido). Y como a ellos tampoco les gustan no se hacen garbanzos.

PESCADO, mi debidilidad. Lo prefiero a las carnes.

Mi hijo pequeño es capaz de comerse una cuchara súper cargada de arroz y dejar en la boca el único trozo de cebolla que llevaba la cuchara. Y es que a mí me pasaba lo mismo y ahora me encanta echarle cebolla a todo, no le echo más por ellos, sobre todo por el pequeño, pero voy subiendo poco a poco las dosis en cada comida para que se vaya habituando.

Luego está el tema FRUTA, eso ya es de risa. Yo de soltera solo comía plátanos, como lo oís, bueno lo mismo alguna naranja, pero pocas porque se perdía mucho tiempo en pelarla y total tampoco es que me volviesen loca. Bueno pues ahora, kiwi, sandía, fresas, piña, melocotón, manzanas (con piel y todo), plátanos, naranjas, mandarinas y me encanta el aguacate, que no sé si es realmente una fruta, pero bueno me encanta. Mi padre se lo digo y no se lo cree, piensa que sigo comiendo solo plátanos.

Ver un buen puesto de fruta y sentirme sana.

Mi primer yogur entero me lo comí hace unos años. Era eso o que mis hijos no comieran yogures, a si que uno para todos y todos para uno, hice tripas corazón y ahora compramos unos 30 yogures semanales. Todavía estoy en proceso de adaptación porque los que son muy líquidos me cuestan más pero vamos mejorando.

Anda el tema del pan que a mí me encantaba y me encanta pero que cuando no veía pan súper blanquito no quería ni probarlo, pues ahora solo entra en casa pan integral y que rico que nos está.

Todo esto viene a que si quiero que mis hijos coman algo tengo que dar ejemplo y como yo no era un buen ejemplo pues me estoy reeducando.

Acabo de volver a leer lo que he escrito y tengo que reconocer que me siento orgullosa de mí, del esfuerzo que estoy haciendo por darles ejemplo y aunque no llegamos a lo que me gustaría si que estoy muy contenta del camino que llevamos porque sé que el año que viene será mejor.

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